Quedé viuda hace seis años, pero a pesar de la angustia, sentí la necesidad de hacer algo que tenía pendiente hacía tiempo: terminar el secundario”. Así comienza la historia de María, que hoy, con 77 años, está estudiando Counseling en nuestra Institución.

María llegó de Sicilia (Italia) a los nueve años. En esa época, estudiar era cosa de hombres. El contrato social y cultural de aquellos años establecía que las mujeres debían dedicarse a la casa y a los hijos. Y así transcurrieron sus años en Buenos Aires: se casó y tuvo tres hijos.

Pero con el paso del tiempo, su deseo de aprender seguía latente. Y casi sin darse cuenta, fue cumpliendo todos los sueños que anhelaba desde chica, cuando llegó a la Argentina sin hablar una palabra de castellano. “Me costó mucho aprender el idioma. En mi casa les pedía a mis viejos que no me hablaran más en italiano”.

A pesar de las dificultades, Mary –como la llaman sus allegados– siguió adelante. Y varios años después, cuando cumplió 72, decidió volver al colegio para terminar aquello que no había podido empezar.

¿Cómo fue la experiencia de volver a la escuela?
Iba con un grupo de chicos de distintas edades. Me di cuenta de que muchos estaban desganados; no querían estudiar ni trabajar. Entonces me puse a pensar qué podía hacer por ellos…

Al comenzar sus estudios secundarios, ya se vislumbraba en María su pasión por aprender. “Fui abanderada. Me iba bien, pero no porque tuviese mayor capacidad que los demás, sino porque era muy aplicada”.

¿Y por qué decidiste estudiar Counseling?
Cuando descubrí el Counseling, dije: ésta debe ser mi carrera. Me gustaba porque me permitía ayudar a otras personas, y en realidad me fui dando cuenta de que me estaba ayudando a mí misma.

¿Qué es lo que más te gusta de la carrera?
A través del Counseling me pude encontrar a mí misma. Me di cuenta de que no me conocía tanto como ahora. Cuando uno busca hacia adentro, se da cuenta de las cosas que hizo bien y las cosas que hizo mal.

¿Cómo te llevas con tus compañeras de clase?
Pensé que me iban a tratar distinto por mi edad, pero desde que llegué me sentí muy respetada. Nos apoyamos mucho, sobretodo cuando tenemos exámenes. Tenemos un grupo de Whatsapp y si tenemos alguna duda, nos mensajeamos y nos ayudamos entre todas.

¿Qué te gustaría hacer cuando termines de estudiar?
Me gustaría ayudar a la gente. Quizás en una ONG o en una parroquia… ayudar a alguien que lo necesite y que quiera encontrarse a sí mismo. Porque según [Carl] Rogers, todos los seres humanos tenemos potencial.

¿Qué dice tu familia sobre este nuevo desafío de haber vuelto a estudiar?
Mis hijos y mis nietos me apoyaron siempre. Están muy contentos. Saben que la abuela está siempre, pero las horas que vengo acá [al Instituto] son para mí. Estoy cuatro horas y no siento el cansancio. Lo disfruto mucho.

¿Qué le dirías a aquellas personas que quieren empezar a estudiar y todavía no se animaron?
Que lo hagan porque se van a sentir muy bien. A pesar de que uno con los años va ganando experiencia, estudiar te permite ampliar la visión de las cosas. Y sino, que hagan algo que les guste, pero que salgan de sus casas. Yo hoy no pienso en la edad. Pienso en crecer mental y espiritualmente.

Perseverancia es, quizás, la palabra que mejor define a María que, entre otras cosas, es una apasionada de la filosofía. Y así vive su vida: reflexionando sobre el pasado, disfrutando del presente y fijando nuevas metas a futuro. Porque como decía uno de los padres del existencialismo: “la vida debe ser comprendida hacia atrás, pero debe ser vivida hacia delante”.

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